Viviendo en Kendall (Miami), veía que mi querida amiga Patricia se caracterizaba por su sincera devoción y participación en la parroquia de la Virgen de Lourdes, la iglesia católica del barrio. Así como Patricia, muchos otros creyentes latinoamericanos. Además, entre sus autores de cabecera estaban los del Padre Alberto Cutié. Cuando iba a la sección de libros en español de las bibliotecas y librerías, además de los best-sellers baratos, también podía encontrar los del Padre Alberto, siendo un apostolado de masas en estos medios.
Alberto aparecía en la televisión en español, tenía un programa de radio, su web y columna en el Nuevo Herald (el periódico en español de Miami), en donde siempre daba consejos de amigo pero que además inspiraban respecto a la doctrina de la iglesia. Además era un cura fashion, al estilo Miami. Un cura que casaba a los artistas, que tenía una sonrisa alegre y que transmitía muchísimo entusiasmo.
La feligresía de inmigrantes lo veía con muy buenos ojos. Y el clero conservador también, ya que era tan mediático como pegado al mensaje oficial de la iglesia (sumado a la imagen de ‘entrega total’ al haberse metido al seminario nada menos que a los 18 años). Todo un ejemplo para Patricia y todos los latinos de Miami. La comunidad hispana veía en él la esperanza de que el mensaje de la iglesia era vigente incluso con las nuevas tecnologías, la modernidad….y las ciudades paradisíacas como Miami. Un cura de portada por el cual todos sentíamos cariño.
Tan mediático era Alberto que su
salida playera con una mujer no podía dejar de la comidilla de toda la prensa en español. Y hasta ahí, la cosa era controlable. Todos cometemos errores. Pero, será que Alberto se metió tanto en los medios que no pudo salir de ellos ni para resolver su vida personal. Salió a hablar y criticar las medidas de la Iglesia sobre el celibato y a justificarse en nombre del “
amor a una mujer”.
Y creo que habría que diferenciar dos aspectos clave de este problema. El primero es que por muy en desacuerdo que pudiéramos estar con el celibato sacerdotal, lo concreto es que aquí Alberto critica reglas de juego que él mismo aceptó voluntariamente. Es como aceptar jugar monopolio, perder y luego de perder quejarse de las normas.
“Una cosa es Dios y otra es la Iglesia”, cuando Alberto hace esa diferencia en una entrevista post-escándalo, contradice su vocación de sacerdote. Indirectamente estaría diciendo que su condición de sacerdote no era tan importante en su vida.
Lo que pudo ser una disculpa a la falta de compromiso, se está convirtiendo indirectamente en una afrenta a la Iglesia. Bien pudo reconocer la falta y quedarse como laico o acabar con la relación y seguir de cura. Él indica que no puede pedir perdón por “amar a una mujer” y por lo tanto, no se da cuenta que su labor como sacerdote católico (ya que cada religión tiene sus reglas), estaba ligado al estar ‘casado’ con la Iglesia. Es como si un esposo al ser infiel indica que ‘ama a su amante’, y como justificación indicar que ‘el amor’ no es algo malo en esencia.
Hasta aquí el tema de compromiso. ¿Qué porque no hay curas casados? ¿Qué por qué no hay mujeres sacerdotes? Algunos sacerdotes me dicen que es porque Dios (aún) no lo quiere. Pero del mismo modo que Dios sólo quería expresarse en latín, de espaldas o con inquisiciones y ahora ya no, creo que las cosas podrían cambiar en algún momento (que podría ser ahora). Sin embargo, eso es otro punto muy distinto al que un cura se base en la crítica de su institución para justificar su falta de compromiso.
La
iglesia está calladita esperando a ver qué pasa porque todos quieren al Padre Alberto. Es una figura mediática (y de merchandising) que tiene demasiado poder-presencia en el mundo latinoamericano católico. ¿y si la cara mediática se cambia de iglesia como por ahí se rumorea? ¿Sus fieles se pasarán? Salen preguntas de ese tipo. Es tan carismático que por eso creo que en Miami se están rompiendo la cabeza para ver cómo manejan eso. Y Alberto lo sabe, por eso se siente tan libre de aparecer en entrevistas para criticar a la iglesia a la que aún pertenece. Hay manifestaciones de
católicos en las calles para respaldarlo.
Regresando al tema del amor, concuerdo con un jesuita que decía que Alberto con esta actitud demuestra falta de madurez en tanto que si a estas alturas de la vida recién descubre el amor en un mujer, es que se metió de sacerdote sin hacer una elección libre (el celibato o el matrimonio), entendiendo la libertad como la capacidad responsable de elegir y hacerse como persona en esa elección. Pero también hay que dejar claro que él no es una mala personal ni mucho menos. El cariño de quienes los respaldan y quieren está respaldado en sus obras como sacerdote.
Si Alberto hizo esto más bien para
debatir el celibato en la iglesia, creo que todo lo contrario, va promover una cerrada de filas más fuerte en el clero (misma Teología de la Liberación en el Perú, por poner un caso local).
La historia de los tránsfugas críticos en la Iglesia Católica Romana no es nueva para nada. Pero creo que hace tiempo la iglesia no tenía que lidiar con una personalidad con tanta influencia el mismo corazón de ella, más aún en un terreno en el que la iglesia todavía patina (y patina feo en comparación a los evangélicos): el
mass media. Veamos cómo termina esta historia de Miami, “uno de los reinos de la telenovela, [en donde]
se ha instalado la máxima telerrealidad” (El País, Marid) y eso, para los periodistas, es jolgorio total.